Tú sabes qué es lo mejor para tí.
Sabes lo que tienes que hacer. Entonces, ¿por qué es tan difícil
llevarlo a cabo? Tu mente racional sabe qué bueno sería que te
levantases a las seis de la mañana para hacer ejercicios, pero tu deseo
de darte vuelta y seguir durmiendo es más fuerte.
¿Qué podría sacarte de la cama? Más aún, ¿Qué
podría sacarte de tu propia prisión, de tu “zona de confort”? Uno de los
mayores motivadores que el mundo ha conocido jamás: el deseo. Si el
deseo es suficientemente grande, harás lo que sea necesario para
conseguirlo.
¿Cómo puedes hacer que el deseo sea
suficientemente grande? Primero, descubre aquello que tú, real y
honestamente, deseas. No lo que los demás desean para tí, no lo que los
demás piensan que tú deberías desear; sino lo que TU deseas. Luego
conéctate en tu interior, claramente y sin ambigüedades, con lo que sea
que deba ser hecho.
Tu quieres. Tu puedes. Harás lo que hay que
hacer. Eres capaz de estar orientado, disciplinado y comprometido.
Simplemente, asegúrate que tus acciones estén alineadas con tus
verdaderos deseos.
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